InicioEconomía y NegociosOpiniónPolíticaNuestras CámarasEntretenimientoEventosDeportesContáctenos

    

EDITORIAL:

CONSTRUIR DEMOCRACIA (SEGUNDA ENTREGA)

Precisiones conceptuales. La experiencia académica me  indica la gran utilidad que tiene el precisar y discutir los conceptos.

Conocemos que la política, como arte y como ciencia social, es clave para precisar dimensiones sustantivas del liderazgo político. A ningún estudioso escapa que el tema es vital para el estadista y el hombre de acción, por cuanto según sea su percepción del liderazgo, estaremos en presencia de proyectos políticos democráticos o represivos; dinámicos o estáticos; creativos o repetitivos. La política como arte de gobernar y como ciencia, se complementan; ambas requieren cada día –en nuestro país– de más y mejores centros de saber y de reflexión, de más y mejores políticas educativas, de más y mejores actores, de más y mejores líderes sociales, comprometidos con la mayoría de nuestra población. Teniendo en cuenta la complejidad de esta problemática, y la incidencia que en su tratamiento tienen la interdisciplinariedad de las ciencias sociales, me ocuparé de tres conceptos: ciencia política, liderazgo político democrático y psicología social. Veámoslos.

Ciencia política. Es una disciplina social que se ocupa del estudio sistemático del Estado; de la legitimidad; de la estructura del poder; de la composición de las clases y estratos sociales; de la organización de los partidos políticos y movimientos sociales; de los procesos electorales; del funcionamiento de los grupos de presión; del proceso de la toma de las decisiones; del estudio de la gobernabilidad; y de la problemática del liderazgo, en espacios y tiempos determinados.

Observemos que el tema del liderazgo, es interdisciplinario y complejo. El empleo riguroso de la ciencia política, puede ser un camino adecuado para permitirnos articular las diversas instancias de que se ocupa.

Liderazgo político democrático. Sabemos que la aparición del liderazgo es concomitante con la evolución que converge en el surgimiento de lo humano. Si tenemos presente las elaboraciones comprensivas weberianas, vemos que coetáneamente a los procesos de las sucesivas dominaciones se han dado también liderazgos carismáticos, tradicionales y legales, según sea el carisma, el peso de la tradición o el fundamento legal, lo que legitime prioritariamente ante la comunidad, su carácter.

 

 

A lo largo de los siglos XIX y XX, se presentaron casos en el que el carisma (Bolívar), la tradición (Catalina II) y la ley (Alberto Lleras), se combinaron de manera diversa en distintos sistemas y regímenes políticos.

¿Qué es entonces un líder político democrático? Es un jefe o un conductor que, con prestigio intelectual y humano, y reconocida capacidad de mando y ejecución, asume un proyecto histórico capaz de generar seguidores organizados democráticamente y comprometidos con su causa, para el ejercicio del poder. Es una persona que está identificada con el proceso político que impulsa y desarrolla históricamente.

Y ¿qué puede ser el prestigio intelectual? Digamos que es la capacidad demostrada y reconocida para comprender, estudiar, reflexionar y aportar creativamente a la solución de los problemas. Y ¿en qué consiste el prestigio social? Es la habilidad del líder para acercarse a la comunidad; conocer las necesidades sentidas y las esperanzas de los seguidores; canalizar sus intereses y servirles, empleando sus conocimientos en beneficio de la mayoría; es el reconocimiento a la solidaridad del líder. Creo que el futuro líder debe ser un estadista. Es decir, un hombre de Estado con la capacidad comprensiva, teórica y práctica, de la realidad nacional e internacional de la que hace parte. Si éste quiere acertar históricamente en Colombia, debe plasmar un plan gubernamental que siente las bases para realizar un desarrollo económico, social, político, cultural y ambiental, que tenga en cuenta las necesidades fundamentales de la mayoría de la población. El liderazgo futuro para nuestro país, lo entiendo no como un juego entre las élites o una respuesta populista, sino como el resultado de un proceso en que se cuente con un proyecto y una estructura para la acción, con miras a establecer una sociedad justa, pacífica, libre y con posibilidad de organizar un desarrollo sostenido.